En los momentos más oscuros de la vida, cuando la tristeza de una separación amorosa, la sombra de la muerte, el peso de la depresión o las pruebas desafiantes parecen abrumarnos, busquemos aferrarnos a quien todo lo puede porque aún, en la oscuridad más profunda, hay una razón para albergar esperanza, pues el poder de Dios es capaz de llenar de vida a su pueblo, incluso cuando parece que ya no queda aliento.
Isaías 9:2 "La gente que caminaba en la oscuridad ha visto una gran luz. Ha brillado una luz para los que vivían en una tierra oscura.
Esa gran luz que fue protetizada en el Antiguo Testamento es el resplandor de Cristo
Si sabemos que él es nuestro refugio y consuelo, entonces tengamos presente sus Palabras:
Juan 8:12 "Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida"
¡No permitas que el desconsuelo te arrope...!
Corre a los brazos de aquél que asumió los pecados de la humanidad y tendió un puente para acercarnos al Padre.
Ora conmigo:
Señor, disipa las sombras que oscurecen mi vida. Fortaléceme para seguir a Jesús, la luz del mundo y para no vagar más por los valles sombríos de la desesperanza. Que en cada paso, en cada suspiro, encuentre consuelo y dirección en tu amor eterno. En el nombre de tu Hijo. Amén.

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