Padre amado, hoy cumplo un año más de vida y me agrada recordarte que fuiste el Dios de mi niñez, de mi juventud y lo sigues siendo en mi vejez.
Nuestro amor ha resistido el paso del tiempo, porque el vínculo que nos une, se ha mantenido firme a lo largo de las distintas etapas de mi vida.
Ese querer ilimitado por un Dios que ha estado presente en las distintas etapas de mi vida es el más hermoso testimonio de lealtad y fe.
Mantenemos una relación que ha madurado, se ha fortalecido y se ha vuelto más significativa con cada experiencia vivida.
¡Contigo todo, sin ti nada...!

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