Salmos 51:1-2 "Ten compasión de mí, oh Dios, conforme a tu gran amor; conforme a tu inmensa bondad, borra mis transgresiones. ▪ Lávame de toda mi maldad y límpiame de mi pecado"
El Rey David a pesar de haber cometido errores garrafales, reconoció que había pecado y buscó la absolución de Dios porque sabía que su rehabilitación espiritual dependía exclusivamente de él.
Confiando en su bondad, implora indulgencia y es así como debemos actuar nosotros, reconociendo, aceptando la culpa e implorando el PERDÓN que es lo único que elimina la barrera que nos aleja de su Presencia.
Imitemos este comportamiento, que sean nuestros sentimientos los que hablen y sin importar cuán negativo pueda ser lo que nos tortura o atormenta, tengamos la certeza que él nos escuchará porque la oración es el grito de ayuda para solventar las fallas cotidianas de la vida.
Ora conmigo:
Padre, se que la muerte y resurrección de Jesús, nos otorga la gracia de tu misericordia si acudimos a él en actitud de arrepentimiento genuino. En su nombre oro para que así sea. Amén

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