Gracias Dios mío por tu fidelidad, por tu amor que nunca se acaba, también por tus bondades que son nuevas cada día.
Mi dicha crece al conversar contigo, tú conoces mis angustias e inquietudes y se que por muy grandes que estás sean, nunca me abandonas.
Por tanto digo:
Lamentaciones 3:24 "El Señor es todo lo que tengo. ¡En él esperaré!"

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