Hubo un tiempo en mis primeros años de juventud que decidí leer la biblia y me agrado este versículo:
Salmos 37:4 "Disfruta de la presencia del Señor, y él te dará lo que de corazón le pidas"
Y como suelen ser los jóvenes un poco molesta por no ver nada favorable, dije a una compañera de clases:
"que te parece mi suerte, he estado orando diariamente pero no he recibido los anhelos de mi corazón"
Los deseos que albergaba a mis 19 años seguramente distan mucho de los que tengo ahora, pero eso no hacía la situación menos difícil.
Afortunadamente, los años de vida y experiencia me han enseñado muchas cosas y ya no me irrito por nada. Esto me recuerda que, aunque Dios esté trabajando para alinear mis deseos con los suyos hay que saber esperar, tener paciencia y aceptar lo que él decida.
La madurez ha cultivado en mí la disposición a ser moldeada, incluso, si eso significa renunciar a mis sueños o deseos.
Por ahora seguiré deleitándome en él, leyendo su Palabra, pasando tiempo en su Presencia, agradeciéndole sus bendiciones y buscando su amor.
Ora conmigo:
Señor, gracias por la obra constante que realizas en mí. Abrázame fuerte y no me dejes sola. En el nombre de tu Hijo, mi Salvador y amigo. Amén.

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