Cristo fue al madero sabiendo todo lo que tendría que soportar. Esa no fue una sorpresa. Él conocía cada espina, cada clavo, cada traición, cada silencio. Sabía todo, incluso quien miraría su sacrificio con indiferencia siglos después y aún así, eligió amar hasta el final.
Hoy es un buen día para volver a mirar la cruz no con culpa, sino con esperanza porque esa cruz no solo representa dolor, sino redención y porque cada gota de sangre derramada tenía un propósito: sanarte, rescatarte, abrazarte.
Isaías 53:5 "Pero él será herido por nuestros pecados; ¡molido por nuestras rebeliones! Sobre él vendrá el castigo de nuestra paz, y por su llaga seremos sanados"
Él no soltó tu mano y no la soltará jamás. Puedes caer, llorar o sentirte perdido, pero serás levantado, y consolado.
Lo que hizo ese día, cambió la historia y también puede cambiar la tuya, si decides abrir el corazón y dejarte amar de verdad.
Ora conmigo:
Señor, hace tiempo decidí detenerme en tu cruz porque ahí encontré lo que nadie más me pudo dar: perdón y un amor que nunca falla. En el nombre de tu Hijo. Amén.

No hay comentarios:
Publicar un comentario