Los días pasan y la sombra de la traición empieza a caer con más fuerza. Los pasos de Jesús avanzan hacia la cruz, pero Judas, en su mente planifica el acto de deslealtad y alevosía más horrendo de la historia y aunque a muchos nos cuesta hablar de él, sus acciones dejan una lección que no podemos ignorar.
Este personaje no fue un extraño, tampoco un enemigo declarado. Era parte del círculo íntimo. Vio los milagros, escuchó las enseñanzas, caminó con el Mesías, comió con él y aún así, su corazón se fue enfriando. Algo dentro de él se desconectó lentamente. Hasta que un día dejo de escuchar con fe y terminó vendiendo al Maestro por unas monedas de plata.
Mateo 26:24 "A decir verdad, el Hijo del Hombre sigue su camino, como está escrito acerca de él, ¡pero ay de aquél que lo traiciona! ¡Más le valdría no haber nacido!"
Y es aquí donde esta historia nos confronta, porque a veces no traicionamos con un beso, pero sí con indiferencia. A veces no vendemos a Cristo por dinero, pero lo dejamos fuera por comodidad, por orgullo, por prisa. A veces no somos Judas con las acciones, pero sí con las decisiones del día a día.
Él sabía lo que iba a pasar, sin embargo, le lavó los pies, le ofreció el pan, incluso, lo amó hasta el final.
Hoy el día es propicio para revisar nuestro corazón y preguntarnos:
¿Se está apagando mi fe? ¿Me estoy alejando en silencio? ¿He dejando atrás a Cristo?
Él no busca condenarnos, solo quiere abrazarnos antes de que sea demasiado tarde.
Acércate sin temor para que tus monedas de culpa se conviertan en llanto de arrepentimiento y esas lágrimas en un nuevo comienzo.
Ora conmigo:
Señor, no quiero repetir la historia del traidor e hipócrita que te entregó. Quiero abrazar la tuya, esa que transforma la traición en perdón y la muerte en vida. Gracias por amarme. Te entrego mis decisiones, mis pasos y mi alma. Que tu fidelidad me envuelva y tu gracia me levante. En el nombre del Hijo. Amén.

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