En las Sagradas Escrituras, hay un principio bíblico que nos señala que la justicia prevalece y que el mal no permanecerá sin ser juzgado.
Romanos 2:6 "Porque Dios pagará a cada uno según lo que merezcan sus obras"
Por esta razón, cuando los malignos reciben su merecido, es natural que quienes han sido oprimidos o agraviados sientan alegría.
Escrito está:
Proverbios 11:10b "cuando los malvados perecen, hay gran regocijo"
Esta respuesta emocional se basa en el deseo de ver un mundo más justo.
La caída de los maléficos no solo trae esperanza a quienes han sufrido a causa de sus acciones, sino que produce una algarabía o celebración colectiva por la restauración del orden, la rectitud y la imparcialidad.
Ora conmigo:
Señor, así como reconozco que tu tiempo es perfecto para todo, también tengo claro, que la oscuridad jamás logrará opacar ese resplandor que nos permite diferenciar el mal del bien. En el nombre de tu Hijo. Amén.

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