Si eres de los que crees que los milagros quedaron en el pasado como historias antiguas, te demostraré biblicamente lo contrario.
Leamos:
Marcos 7:37 "La gente estaba muy asombrada, y decía: "Todo lo hace bien. Hasta puede hacer que los sordos oigan y que los mudos hablen"
Este versículo nos recuerda algo glorioso: "Él sigue haciendo maravillas".
Jesús transformó vidas, restauró lo roto y sorprendíó a todos con su poder en su caminar terrenal y ese mismo Jesús, el que abrió oídos y desató lenguas, sigue vigente.
Pero hay algo que ensombrece el panorama, lo mundano no solo nos arropa, también nos nubla la visión espiritual y esta es la causa de que perdamos de vista los prodigios que ocurren diariamente a nuestro alrededor. Hemos olvidado que lo divino se esconde en lo cotidiano. Ese abrazo que consuela, ese pan que no faltó en la mesa, esa palabra justa en el momento preciso, eso también es obra de Dios.
Si permites que él abra tus ojos espirituales podrás ver lo que antes no veías y hablarás con la fe que antes no tenías.
Vivir estos eventos es abrirnos a su Presencia y reconocer que él como siempre, lo hace todo bien.

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