Las Escrituras Sagradas reseñan en el Evangelio de Lucas, capítulo 8, versículos 5 al 15 la Parábola del Sembrador y es aquí donde nos damos cuenta como se producen reacciones distintas en aquellos que escuchan el mensaje biblico.
El beneficio es igual para todos, pero la libertad humana lleva a respuestas diferentes.
Te aclaro para que me entiendas:
El Sembrador: es quien riega la palabra.
La Semilla: representa la Palabra de Dios.
El Terreno: describe al corazón del hombre.
El grano que cae junto al camino personifica a la persona que escucha la Palabra, no la entiende y no le da importancia.
La que es arrojada entre las piedras, simboliza a quienes oyen el mensaje, lo reciben con alegría pero cuando llegan los problemas a su vida, pierden la poca fe que tienen, es decir, creen por un tiempo pero a la hora de la prueba se alejan.
La que cae entre espinos, ejemplifica a todo el que se deja atrapar por los placeres y las tentaciones de la vida.
Pero la que toca buena tierra, da raíces. Es ahí donde la palabra crece y se multiplica.
El mensaje es claro, nada puede implantarse a la fuerza, cada quien decide si aceptarla o no, lo que si es cierto, es que quien la reciba con agrado y regocijo puede tener la certeza de que recogerá buenos frutos, porque una buena cosecha nos enseña a perseverar en la fe y a seguir en el camino que Cristo trazó para nuestras vidas.

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