Hoy he decidido compartir contigo este relato de mi vida:
En mi necesidad y anhelo por tener una cercanía con Dios, aprendí a orar y a conversar con su Hijo. Con Él me desahogaba y, aunque parezca mentira, me arropaba una paz inexplicable. Era esa tranquilidad la que me daba fuerzas para seguir luchando contra los pensamientos negativos que por momentos me atacaban.
Pronto me di cuenta de que las cosas comenzaron a cambiar y tuve la certeza de que el Señor me escuchaba. Sé que Él no siempre responde de manera inmediata, pero aprendí a esperar porque su tiempo es perfecto, y escrito está:
Eclesiastés 3-1 "Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora".
Este es un proceso en el que continúo trabajando. Tengo muchísimas fallas, lo reconozco, pero sé que mi vida ha dado un giro favorable: ya no me controla el estrés, la ansiedad ni el desespero. Además, tengo muy claro que mi mayor victoria la he logrado ¡aceptando a Cristo como mi Señor y Salvador!
Filipenses 3-14."Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús".
Los días pueden tornarse oscuros, pero a través de cualquier percance o tribulación, Quien todo lo puede me enseña cosas nuevas. Él tiene el control de todo y mi confianza le pertenece.
Por eso decidí ponerme en sus manos, porque la vida no se trata solo de intentar ser “una mejor persona”, sino de ser transformados en el interior para parecernos más a Cristo, mostrando bondad, amor, paciencia y misericordia con nuestros semejantes.
Me siento feliz porque el verdadero gozo lo disfruto desde que tengo una relación personal con el Hijo.
Jaun 15-13 "Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos".
¡Aleluya, aleluya! ¡Gracias por tanto, Señor!

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