Imagina por un momento que estás a punto de enfrentarte a tu mayor adversario.
¿Qué harías?
Sin duda, te prepararías y esto fue precisamente lo que hizo Jesús antes de ser tentado en el desierto.
Lo curioso es que su preparación para este enfrentamiento incluyó un ayuno de 40 días. Podría parecer extraño que eligiera no fortalecerse con alimento, sino privarse de él. Sin embargo, su triunfo nos enseña que la fuerza que necesitamos para nuestras batallas espirituales no proviene del mundo físico.
Jesús nos recuerda que no vivimos solo de pan, sino de cada palabra que procede de la boca de Dios y escrito está:
Mateo 4:4 "No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios"
Las armas físicas, por muy poderosas que sean, no nos ayudarán en la lucha espiritual.
Para vencer las tentaciones y pruebas que enfrentamos, necesitamos más de la de Dios, porque es en nuestra debilidad donde su poder se manifiesta con mayor potencia.
No te desanimes y apóyate aún más en la fortaleza del Rey de Reyes.
Ora conmigo:
Señor, tú eres mi fortaleza en momentos de decaimiento. Sé que contigo puedo hacer mucho más de lo que jamás podría por mí misma. Te suplico me ayudes a buscarte para obtener fuerza, confianza y sabiduría. En el nombre de tu Hijo. Amén.

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