No hay amor que sane tanto como el de Dios.
Cuando sientas que nadie te entiende o que te han dado la espalda, recuerda que él te mira con ternura y dice:
“Tú eres mi hijo amado, en ti me deleito.”
Ese amor nunca se apaga, nunca se agota y nunca te abandona.
Sofonías 3:17 "El Señor está en medio de ti, y te salvará con su poder; por ti se regocijará y se alegrará; por amor guardará silencio, y con cánticos se regocijará por ti"

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