La muerte de una madre es una de las experiencias más dolorosas que podemos enfrentar. Lo certifico porque lo viví en carne propia hace 25 años.
Reconozco que me costó muchísimo aceptar esa perdida y aún recuerdo que en medio del desconsuelo que arropaba mi alma dije:
"Tu cuerpo se ha ido, pero en mi corazón jamás morirás, seguirás teniendo espacio en mis pensamientos hasta que Dios me llame a su regazo".
Hoy me siento más fortalecida en la fe y he logrado entender que hasta para morir el tiempo de Dios es perfecto y no es porque lo diga yo, escrito está.
Leamos:
Eclesiastés 3:2 (a) "Hay un tiempo para nacer y otro para morir"
Mamá, aunque ya no estás físicamente con nosotros, tu amor y tus enseñanzas siempre vivirán en nuestros corazones. Te recordamos a diario y tu legado es nuestra mejor guía. Gracias por todo lo que hiciste por cada uno de tus 8 hijos.
Honro tu memoria con este versículo porque así eras tú:
Proverbios 31:26 "Cuando habla, lo hace con sabiduría; cuando instruye, lo hace con amor"
Tus virtudes te hicieron única e incomparable.

No hay comentarios:
Publicar un comentario