¿Alguna vez te has sentido tan agotado que ni el sueño logra renovar tus fuerzas?
Yo lo he experimentado y tengo claro que ese agotamiento es un cansancio que llega cuando acumulamos preocupaciones, problemas económicos, familiares, enfermedades, heridas emocionales, decepciones y hasta sentimientos de vacío difícil de explicar.
Pero Jesús es tan bondadoso que con su voz suave y firme, nos dice: ,"Vengan a mí...", no nos exige nada más, solo nos pide que vayamos, tal como estamos: cansados, agotados, frustrados o confundidos. Porque en él hay un descanso que el mundo no ofrece. Un descanso que no es solo físico, sino espiritual. Él alivia el alma. Él calma la tormenta interior y levanta al que ya no puede seguir.
Escrito está:
Mateo 11:28 ”Vengan a mí los que estén cansados y agobiados, que yo los haré descansar"
En este tiempo tan acelerado, donde todo corre y pocos se detienen, Cristo nos invita a descansar, no en cualquier lugar, sino en él.
Esto no significa que los problemas desaparezcan mágicamente, pero sí que nuestra alma recuperará el aliento porque ya no llevamos el peso solos.
Ora conmigo:
Señor, tú conoces mi corazón, mis luchas y mis cargas. Tú sabes lo mucho que he tratado de ser fuerte por mí misma, pero ya no quiero seguir así. Hoy vengo a ti, como lo dice tu Palabra. Con mi alma agotada, con mis fuerzas al límite, con mi fe tambaleando, pero con la esperanza de que en ti encontraré alivio. En el nombre de tu Hijo. Amén.

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