Vivimos en un mundo que aplaude lo superficial, que se deleita con los placeres momentáneos y rinde pleitesia a ídolos de cartón. Pero muy a pesar de esto, hay una verdad que nadie, absolutamente nadie podrá negar, "Es a Jesús a quien debemos mostrarle obediencia, reverencia, sumisión y acatamiento.
Él nos levantó cuando ya no podíamos más, nos dio un nuevo comienzo y sigue transformando nuestras vidas hasta dejarnos como vasija nueva.
Que no nos dé vergüenza cantarle con alegría, no callemos por miedo al qué dirán, porque si parte de la humanidad le canta a sus ídolos, ¿cómo no vamos a cantarle nosotros al Dios que nos ha dado todo?.
Isaías 25:1 "Tú, Señor, eres mi Dios; yo te exaltaré y alabaré tu nombre porque has hecho maravillas; tus consejos siempre han sido verdaderos y firmes"
Si él es tu motivo, que se note. Que la sociedad sepa que hay una melodía en ti que no se apaga con el viento ni se rompe con las pruebas. Cántale una canción eterna, porque eso es él, eterno.
Ora conmigo:
Amado Padre, tú eres la melodía que le da sentido a mi alma, incluso en los días grises, cuando todo es confusión, tú traes armonía a mi corazón. Quiero que cada palabra que salga de mi boca te glorifique. Que mis días se conviertan en himnos, que mis actos sean notas que exalten tu fidelidad. Seguiré cantando en medio de los problemas, así recordaré que mi canción no depende de mis emociones, sino de tu verdad inquebrantable. En el nombre de tu Hijo. Amén.

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