Son muchos los que continúan pensando que lo que define una vida plenamente vivida, es la cantidad en la cuenta bancaria, la popularidad en las redes sociales o los logros obtenidos en el transcurso del tiempo y aunque estos son los estándares que el mundo valora, Dios mide el impacto de nuestras vidas con una vara distinta.
Según él, una vida bien vivida se logra aprendiendo a liquidar el pecado que nos arropa desde que somos concebidos en el vientre de nuestra madre.
Escrito está:
Salmos 51:5 "¡Mírame! ¡Yo fui formado en la maldad! ¡Mi madre me concibió en pecado!
Esto no se mide por las posesiones materiales, sino por nuestro carácter. Ésta es la vida por la que vale la pena morir.
Una vida enfocada en ayudar a otros es una vida bien vivida. Es un misterio divino, pero en el acto de dar, recibimos; al perder, ganamos; y al morir a nuestros deseos egoístas, brota una vida llena de significado y propósito.
Mateo 10:39 "El que halla su vida, la perderá; y el que pierde su vida por causa de mí, la hallará"
Ora conmigo:
Señor, te agradezco por el ejemplo supremo de Cristo, quien entregó su vida por el bien de la humanidad. Que cada acto de entrega sea un reflejo del amor que nos has mostrado. En el nombre de tu Hijo. Amén.

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