Hay una luz que cuando cubre, transforma por completo. Esa luz es Cristo y quien ha sido tocado por la gloria de Dios, quien ha recibido el consuelo de su Presencia y ha escuchado su voz en lo profundo del alma, no puede permanecer en silencio.
La oscuridad, el desánimo, la desesperanza y el egoísmo se han adueñado de la tierra. Pero el llamado no es a temer, ni a escondernos, ni a ser creyentes apagados.
El llamado es a levantarnos y resplandecer. No con luces humanas, sino con la gloria del Dios vivo que habita en nosotros.
Escrito está:
Isaías 60:1 "¡Levántate, resplandece! ¡Tu luz ha llegado! ¡Ya la gloria del Señor brilla sobre ti!"
Si en algún momento has sentido miedo de hablar de tu fe frente a un grupo de personas, recuerda que cuando la luz de Cristo brilla, no solo te ilumina a ti, sino que bendice, guía y despierta a otros.
No estás solo. Él está contigo y cuando predicas la Palabra, su llama te impulsa, te sostiene y te da valor.
¡No te calles...! ¡No te apagues...! Tu testimonio tiene poder y tú dices, cuando viene de quien todo lo puede, llevan esperanza, vida y salvación.
Ora conmigo:
Señor, que mi vida sea una predicación constante, una invitación viva a conocer al Dios que transforma, levanta y salva.En el nombre de tu Hijo. Amén.

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