Cuando despiertas por la mañana, ¿en qué piensas? ¿En los problemas que aún no has logrado resolver o en el trajinar diario?
Recuerda que tu socorro no depende de lo que puedas suponer, ni de lo que puedas calcular, tu amparo viene de lo alto, viene de aquel que creó los cielos y la tierra.
Él te ha dado la vista, pero también necesitas su luz para ver más allá de las circunstancias porque de nada sirve, tener visión sin dirección divina.
Si permites que su Espíritu ilumine tu interior, podrás ver con claridad el propósito que Dios tiene para ti, incluso en medio de la tormenta.
Quita la mirada del problema y levanta tu vista al cielo porque allí está Cristo, tu fuerza y tu esperanza.
Salmos 121:1-2 "Alzaré mis ojos a los montes; ¿de dónde vendrá mi socorro? Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra"
Ora conmigo:
Señor, contigo no tengo porque temer. Te entrego mis pesares, mis preocupaciones y todo lo que no puedo resolver para que tú actúes cuando lo consideres. En el nombre de tu Hijo. Amén.

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