La pérdida de un ser querido duele en lo más profundo de nuestro ser, esos momentos de tristeza profunda no tienen comparación con nada y las palabras que puedan decirnos, se pierden en el vacío del dolor.
Romanos 12:15(b) "Lloren con los que lloran"
Cuando pensamos en Jesús y su visita a la casa de Marta y María tras la muerte de Lázaro, vemos un ejemplo conmovedor de empatía divina. Él sabía que estaba a punto de realizar un milagro, sim embargo eligió llorar. No desestimó el dolor ajeno, sino que se unió a él con lágrimas.
Escrito está:
Juan 11:35 "Jesús lloró"
Su ejemplo nos muestra que la lealtad reside en "ponerse en los zapatos del otro" y estar presentes tanto en el dolor, como en la alegría.
Encontrar la manera de acompañar a nuestros amigos en sus momentos cruciales, es un destello del amor que Dios nos enseña a tener los unos por los otros.
Ora conmigo:
Señor, me gustaría ser un reflejo de tu amor y compartir genuinamente las alegrías y las tristezas de los que están a mi alrededor. Enséñame a estar presente de manera amorosa y compasiva, como lo estuvo tu Hijo. En su nombre oro. Amén.

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