Señor, no permitas que me convierta en una vieja gruñona e insoportable, conserva mi sonrisa aunque esté desdentada o con dientes postizos, que nunca me falte el sentido del humor para reírme de mis propios achaques y ocurrencias, que pueda transformar cualquier pena en motivo de alegría y sobre todo que mis manos estén dispuestas a abrirse para dar.
Salmos 90:12 "Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría"
Así sea. Amén.

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