Todos, en algún momento, hemos sentido que caminamos por un pasillo oscuro. Hay días en los que las preocupaciones pesan tanto que parece que nuestra fuerza se apaga. Perdemos el ánimo, el rumbo e incluso la esperanza. Pero en medio de esa sombra, Jesús nos dice:
Juan 8:12 "Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida".
A veces creemos que la oscuridad es más fuerte. Nos llenamos de pensamientos negativos, de culpas pasadas o de miedos que nos paralizan. Sin embargo, Él nos recuerda que seguirle no significa vivir sin problemas, sino caminar con una luz divina que guía cada paso. Ese resplandor no solo nos muestra el camino, sino que también nos recuerda quiénes somos para Él.
Quizás hoy sientas que estás en un callejón sin salida, pero no olvides esto: la luz no desaparece solo porque dejes de verla. El Maestro no prometió eliminar las tormentas del mundo, pero sí prometió ser la luz que las atraviesa contigo.
Levanta tu mirada y no sientas miedo. ¡Él jamás te abandonará!
Ora conmigo:
Gracias, Señor, porque aún en medio de los túneles más sombríos, tú sigues siendo mi faro, mi guía y mi sol eterno. En el nombre de tu Hijo, mi Salvador y Amigo. Amén.

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