Dios escucha cuando oramos por otros, de eso no tengo la menor duda, incluso, cuando ellos no pueden hacerlo por sí mismos y Jesús es nuestro mejor ejemplo, porque aún en la cruz, decía:
Lucas 23:34 "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen"
No dejó de orar por quienes lo crucificaron. Esa es la esencia de un corazón intercesor: amar tanto que no puedes quedarte callado ante la necesidad del otro.
Tal vez no puedas resolver todos los problemas del mundo, pero sí puedes doblar tus rodillas y pedir por quienes lo ameritan. Es en esa intimidad silenciosa, donde Dios se mueve con poder, porque cuando un creyente ora con fe, él actúa.
Ora conmigo:
Señor, hoy oro no solo por mí, sino por los que amo, por los que sufren y los que se sienten lejos de ti. Dale consuelo al que está angustiado, fortaleza al que ya no puede más y fe al que ha dejado de creer. Usa mis oraciones como canales de tu amor. Que mi voz no se apague ante la necesidad, sino que se vuelva un eco constante de esperanza. Enséñame a interceder con compasión, a recordar a quienes el mundo olvida, a no cansarme de orar por los demás. Y si alguna vez me siento débil, recuérdame que tu Espíritu, intercede por mí con gemidos que no puedo expresar. Gracias Padre porque aunque no siempre veo los resultados, sé que cada oración tiene valor eterno ante ti. En el nombre de tu Hijo. Amén.
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