La gratitud no es solo una emoción, es una decisión diaria. Es aprender a ver la vida hermosa, incluso cuando el panorama terrenal parece confuso.
Cada “gracias” que pronuncias se convierte en un acto de fe que honra a Dios.
No esperes a que todo sea perfecto para mostrar agradecimiento. Empieza ahora, porque en cualquier circunstancia Él sigue siendo bueno y eso siempre será motivo suficiente para decir:
“¡Gracias, Señor, por todo lo que me das!”
1 Tesalonicenses 5:18 "Den gracias a Dios en todo, porque esta es su voluntad para ustedes en Cristo Jesús".
Ora conmigo:
Padre amado, que mis labios no se quejen por nada, sino que aprendan a reconocer tu bondad. Gracias por cada amanecer, por cada persona que pones en mi camino y por cada desafío que me enseña a depender más de ti. Gracias por hacerme entender que todo lo que tú permites tiene un propósito. En el nombre de tu Hijo, mi Salvador y Amigo. Amén.

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