Cierto día, el Mesías pasó frente a Mateo y, con solo decirle "Sígueme", cambió su destino para siempre.
Leamos:
Mateo 9:9 — "Al continuar su camino, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado donde se cobraban los impuestos, y le dijo: «Sígueme.» Y Mateo se levantó y lo siguió".
El Maestro no se detuvo a juzgar su pasado, ni le pidió explicaciones. Simplemente lo llamó. Mateo se levantó y decidió dejar atrás la vieja historia que el mundo había escrito sobre él para comenzar una nueva.
Esa misma invitación es para ti hoy. No importa lo que fuiste, lo que hiciste o lo que otros piensen de ti. Él sigue mirándote con amor y diciéndote: “Sígueme”.
Cuando decides levantarte, dejar el pasado atrás y caminar a su lado, tu vida jamás vuelve a ser la misma. ¡Te lo aseguro! Dios no te ve por tu pasado, sino por lo que puedes llegar a ser en sus manos. Si Él pudo cambiar la vida de un cobrador de impuestos y convertirlo en su apóstol, también hará algo hermoso contigo.
No importa cuán manchadas creas que están las páginas de tu biografía; Jesús tiene la tinta perfecta para comenzar otra vez, y esta vez, el relato será escrito con amor eterno.
Ora conmigo:
Señor, enséñame a no mirar atrás con culpa, sino hacia adelante con esperanza. Que mis pasos sigan tu voz, como Mateo lo hizo: sin dudar y sin demoras. Que mi vida sea un reflejo de tu misericordia. Gracias porque en ti mi pasado no me define, mi presente se renueva y mi futuro está lleno de promesas. En el nombre de tu Hijo, mi Salvador y Amigo. Amén.

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