Imagínate por un momento recibir una invitación escrita a mano, con tu nombre, sellada con amor y enviada directamente desde el cielo.
Esa es exactamente la invitación que Dios te hace hoy: la de sentarte a su mesa. No a cualquier mesa, sino a la del Reino, donde nada falta y donde el pan de vida y el gozo jamás se agotan.
Colosenses1:12 "Darán gracias al Padre por considerarnos dignos de compartir la herencia que tiene preparada para todos los que pertenecen al pueblo de Dios y viven en la luz".
No fuimos nosotros quienes nos hicimos dignos de estar ahí; fue su gracia la que nos limpió y su amor el que nos preparó un asiento.
Olvida los afanes por un instante. Mientras el mundo te exige rendimiento, Dios te ofrece descanso. Mientras el mundo te compara, Él te invita a participar sin condiciones y sin filtros.
No necesitas ser perfecto para acercarte. Solo se requiere tener hambre de su presencia, de su verdad y de su amor. Él no te pide que llegues con las manos llenas, sino con el corazón abierto. Es ahí donde recordarás que no estás solo, que tienes una familia, un propósito y una herencia celestial.
El Rey de reyes y Señor de señores te espera con los brazos abiertos. ¡Cada día es una nueva oportunidad para disfrutar de su compañía!
Ora conmigo:
Señor, que mi vida refleje el gozo de quien ha sido invitado por gracia. Que no guarde silencio, sino que invite también a otros a sentarse a tu mesa. Gracias por tu amor que me alcanza, me transforma y me hace parte de tu familia. En el nombre de tu Hijo, mi Salvador y Amigo. Amén.

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